Mis experiencias de viajes de placer, negocios, aventuras viajeras por todo el mundo. Una confesión de lo que hago y mis comentarios globales a cerca del mundo en el que vivimos.
CONFIESO que he VIAJADO - Día 16 de Agosto. Siguen los problemas
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Al día siguiente no me había levantado y ya estaban en el patio de la casa arreglando el coche. Vi el carburador desmontado y el mecánico, un hombre retirado de unos 60 años, me dice.
-     No le llega la gasolina a la taza- .

Es cierto que en ambos países hablamos español, pero cuando nos metemos en temas técnicos en más complicado. Ellos llaman la taza a la cuba del carburador. Después de un chequeo  general lo vuelve a cerrar y dice que ya está. No damos una vuelta y efectivamente no se vuelve a parar.
Nos despedimos se marchan y a los dos minutos  vuelve  a parar el coche otra vez al lado de la casa. Ya no puedo más, estoy desesperado con el Moscovich. Una amiga me dijo que todos los días daban problemas. Que cuando solucionara uno me parecería otro.
-    Así son los Moscovich.-  me dijo.
Esto ya tocaba mi pundonor. O el Moscovich acababa conmigo o yo  acababa con él.

En la casa donde estoy viven dos Franceses durante aproximadamente 6 meses al año. Están jubilados y pasan la temporada de invierno Francés  en La Habana. Yo les llamo “Los Galos”. Hablan buen español incluso uno de ellos es hijo de Españoles y su español, aunque un poco enredado, es prácticamente sin acento. Al verme ya desesperado, me sugieren que vaya a un mecánico que está detrás de la casa. Esto era mi última opción antes de entregar el coche a mi amigo con un “ya no puedo más” a lo Raphael.

Voy al taller, era de día y consigo hablar con el dueño. Un hombre de unos 70 años,  pausado,  seguro de si mismo. Mientras me escucha lo que le pasa al coche ni me mira. Solo mira el motor . Con cara sería, diría solemne, dice con rotundidad mientras  atraviesa con su mirada  perdida el motor del coche.
-    Tupisión,  tiene tupisión. marchándose al interior de su patio.
-    ¿Cómo que tupisión? Le persigo como un niño que le pide a su papá un juguete que está en un escaparate
-    ¿Que es eso?, Sabía lo del eslogan pasión por conducir pero ¿tupisión?
-    Se lo digo a mi hijo para que te lo mire porque yo ahora  sí que no puedo.

Descubro por lo que hablan, que el coche tiene tupido o atascado el macarrón que va desde el depósito inventado de gasolina hasta el carburador. Esto me encajaba por eso no llegaba suficiente gasolina a la “taza”. En la misma calle y bajo la observación de cuatro amigos mirones  que tenían sus respectivos coches en piezas, desmonta el depósito y sopla por el macarrón.  Casi le salen paperas. No había manera. Me mira y dice.
-    Tremenda tupisión.
Vamos que su padre había acertado de lleno en el diagnostico. Va a por una bomba enorme de hinchar ruedas de bicicleta y la conecta al macarrón. Al empujar el embolo y darle presión, sale un chorro de barro marrón por el macarrón. Me dice:
-    Era Tupisión, no hace falta más que conectarlo y te puedes marchar.
 En 10 minutos y 5 dólares estaba solucionado. Le pregunté si me podía dar una vuelta para ver si no se paraba y verificar. Me dijo:
-    Se te puede parar ¿cómo no? pero no por la “tupisión”. Dale ahí.

Efectivamente no se volvió a parar por eso, así que respiro tranquilo, bueno tranquilo no, porque yo notaba que olía mucho a gasolina, es más, cuando me bajaba del coche yo mismo llevaba una peste a gasolina considerable, pero  según me dijeron eso era muy normal en un Moscovich.

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