Mis experiencias de viajes de placer, negocios, aventuras viajeras por todo el mundo. Una confesión de lo que hago y mis comentarios globales a cerca del mundo en el que vivimos.
Día. 29 La mulata de Carlos III

Vengo de cenar de casa de Jorge Luis  Alfaro, es mi otro yo, nos llamamos  igual y le encontré a través de la Web de los Alfaro hace mas de 8 años, Somos buenos amigos hemos desarrollado una  buena relación. De vuelta,  para ir a la puntilla me dirijo a parque central, luego cojo Reina y salgo a Carlos III. Es noche cerrada. Yo diría que  cerca de las 11, refrescaba e iba con las ventanillas abiertas, como todo el verano. Enfrente del edificio de la Logia se pone el semáforo en rojo y se acerca un tipo mulato con muy buena pinta, atlético, yo diría que era jugador de Voleibol, mete la mano por la ventana del acompañante del conductor lleva una anillo con sello  de oro.
-    Mi amigo, te doy dos  dólares por ir hasta Ayestarán.
JA! Ya tenía al punto. Me disponía a coger el dinero cuando le dije.
-    Sube.
En ese momento me contesta.
-    No es para mí,  es a ella a la que hay que llevar.

 ¡Joder! No podía hacerlo. Era una chica de unos 25 años, mulata, pelo acaracolado muy alta, Yo diría que medía  casi uno ochenta, con pinta de modelo de Milán tenía unos rasgos muy finos y su color de piel le acentuaba una sonrisa impecable, los dos eran muy altos. Yo diría que se conocieron en la cancha de Voley porque ella  tenía pinta de jugadora también. Llevaba un pantalón vaquero ajustado que le confería una figura de esas que se ven sólo en Cuba y en Brasil. Piernas fuertes y bien formadas. Una camiseta azul oscuro bien ceñida terminaba la percha. Mientras el semáforo cambia de color, abrí la puerta y le dije.
-    No te puedo cobrar dile que suba y la acerco. No soy cubano venga daos prisa.

Él me da las gracias y le da un beso a ella  mientras se lleva a la mano a  su bolsillo para   guardarse el dinero. Ella mientras se deja  besar, le detiene la trayectoria  de la  mano y le coge el dinero mientras se ríe. El no se resiste. Se ríen y se miran los dos.  No es que me fijara,  es que las manos estaban a la altura de la ventanilla. Como son tan altos,  además el Moscovich  es estrechito y casi me dan el beso a mí.

Me pongo en marcha y me da la buenas noches, era simpática, de esas mujeres que sonríen cada vez que terminan una frase., pero eso de subirla por Ayestarán no me hacía gracia, así que, según me iba hablando, íbamos  marchando por Carlos III y no sabía  cómo decirle que no la iba  a acercar, realmente no se ni a que altura quería  ir pero es una  calle muy muy larga. Llevaba poca gasolina no se cuanto, pero era  consciente que me quedaba poca cantidad. Si es arriba del todo me quedaba  frito, así que   llegando al semáforo de cruce con  Ayestarán  me dice  que gire a la izquierda. En ese momento pongo cara de circunstancias y le  digo que ahí termina el viaje y que yo seguiría de largo para  Zapata,que no tenía demasiado  tiempo para subir Ayestarán . -    Pero mira  creí que me ibas a llevar hasta allí.
-    Bueno,  pero te ha salido gratis, mira en ese semáforo tienes otra máquina que te lleva seguro.

Salió disparada y me dio las buenas noches, aún con el plante me envió una de sus impecables sonrisas. Que  pena saborear la miel de los triunfos, tenía al punto, pero se me escapó y en su lugar me sentó en el Mosca a una ninfa de ébano a la que difícilmente le hubiera podido guindar los 2 pesos que le interceptó  a su novio durante un beso.  Claro pensándolo ahora, si los dos pesos eran del tipo, habérselos cobrado a ella por el viaje no hubiera estado tan mal. Mi ética de Bushido tenía preferencia en este caso. Adiós mujer esbelta.. se va corriendo por el cruce de Carlos III y Ayestarán. Con un gesto para la máquina que ya estaba en marcha, pero el conductor, al ver tal ejemplar frenó en seco y abrió la puerta…Desaparecieron por  el fondo de la avenida.

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