• 1

Agosto de 2011. He pasado un verano justito de presupuesto así que, en aras a reducir gastos, eliminé el primero y más caro. El coche de alquiler. Un amigo en La Habana me propuso dejar su coche. El  no lo  usaba,  acepté encantado.

–    Lo único dijo- Es que… es un Moscovich.
-    ¿Y qué? - le contesté.
-    ¿Tiene ruedas?  ¿Volante?  Entonces me va a servir.
Esta es la experiencia de 20 días conduciendo un Moscovich por toda La Habana. Me ha pasado de todo… o casi de todo, pero he disfrutado. La vida se ve distinta a través del parabrisas de un Moscovich, sobre todo para los extranjeros (Yumas) que llegamos  a La Habana llenos de comodidades y no terminamos de entender la vida de la isla.
Por motivos obvios, no puedo dar los nombres exactos, pero ellos saben quiénes  son, que  les quiero y les admiro por enfrentarse todos los días a jornadas de autentica supervivencia.
A mis amigos Habaneros, os  lo dedico a todos, con mucho aché. Ahora os  comprendo aún  más.